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viernes, 16 de septiembre de 2011

A MIS AMIGOS

Cabe mencionar, por estos días en que la mayoría de las personas celebra efusivamente en Colombia el día del  "amor y la amistad", que ésta para mí nunca ha sido una fecha relevante, pues desde que tengo uso de razón, por lo general ese es el día en que menos comparto con los amigos o la gente que quiero. 



Pero en lo que si quiero ser precisa, es que amo la vida y el regalo más grande que me ha dado que son mis amigos. Algunos desde el kinder y hasta hoy siguen siendo compañeros fieles, que más puedo yo decir de esas personas que me han visto crecer, cambiar, desarrollar, definitivamente, que gran tesoro. 

También cuento con los amigos que me dejó la secundaría, los que me vieron cometer las más grandes locuras, los arrebatos de la adolescencia, las crisis de identidad, los primeros amores y desamores.

Los amigos de la Universidad, que grandes amigos son; el paso por la Universidad marcó el principio del cambio, ya son los amigos que te ayudan a creer, a construir, a emprender a alcanzar metas. De estos amigos me queda la experiencia, la manera de asumir responsabilidades de comenzar a vivir como una persona adulta. 




He tenido tantos puestos de trabajo, pero en cada uno de ellos he conocido personas en quienes he sembrado amistad y de ellos he aprendido el tesón, la fuerza para continuar, el sentido de pertenencia, las ganas de triunfar de hacer las cosas bien pero sobretodo de no pasar por encima de nadie, de respetar a cada ser humano con dignidad. 

Y hoy mis amigos de la maestría. Con ellos, las horas de sueño, las eternas lecturas, la afinidad por los temas de ciudad, pero sobretodo la fibra de los sentimientos, el amor por los demás, el respeto por la diferencia, la compinchería, el acompañarnos más allá del aula de clase y evolucionar. 


Así pues, que más allá de ser una fecha comercial, mis amigos son tan importantes hoy como cualquier día del año, son el regalo más grande mi vida, son los que me corrigen, los que me critican, los que me aconsejan, los que se ríen conmigo y hasta de mí. Los que me enseñan, los que me hacen reír y a veces llorar, pero sobretodo son la compañía incondicional. 

A los que he conocido en el colegio, la universidad, en el trabajo o por ahí,  gracias y siempre gracias por cada momento compartido y por hacer mi vida un poco más feliz!!!






miércoles, 6 de julio de 2011

St Elmo, punto de encuentro




Por estos día y muy motivada por aquello  que algunos llaman la crisis de los veintitantos, me  llene de motivos para pensar lo difícil que es llegar al mágico mundo de la Universidad, conocer los amigos, vivir las experiencias extremas de la vida: la música, el sexo, las drogas, el alcohol, que sé yo, estas o más, porque cada vez son más las cosas a las que se enfrentan los jóvenes y cada vez son más vulnerables a cada moda.

Pero más que aprender a vivir la universidad, me quede pensando en lo que de verdad me parece más difícil y es salir de ella. Si, salir de la Universidad y actuar como si ya fuéramos grandes, adquirir compromisos financieros como si ya fuéramos grandes, asumir las relaciones de pareja como si ya fuéramos grandes, cumplir estrictos horarios laborales y las estrictas reglas de las empresas como si ya fuéramos grandes…

Huy viéndolo bien, creo que el paso por la universidad es una transición tan importante pero tan subvalorada que cuando salimos al mundo de los adultos, no somos concientes de que el tiempo de la universidad era el indicado para aprender a vivir la vida real como la viven  nuestros papás.

Y es ahí, en las calles donde de verdad se ponen a flote nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestros retos, nuestras verdaderas competencias, nuestros verdaderos conocimientos.

Ahora es cuando estamos en el mundo real,  cuando nos empezamos a precipitar porque hay que hacer especialización, maestría y doctorado. Porque posiblemente algunas piensan en el matrimonio y en los hijos, porque hay que escalar alto en la compañía para la que se trabaja. Y cierra una los ojos y hace una mirada retrospectiva y se da cuenta que la vida es muy corta, que el tiempo va muy de prisa y que pese a tantas maneras de vivir cada vida profesional o laboralmente siempre quedan las cosas simples: los amigos del colegio, los parceros de la universidad y por encima de todo lo demás la familia, el mismo bar, y los buenos recuerdos.

Eso, fue lo que sentí viendo St Elmo punto de encuentro, que nunca somos lo suficientemente grandes, que nunca estamos del todo listos, que siempre queremos estar más arriba pero que siempre van a existir los miedos, pero que todo eso hace parte de la experiencia de la Vida.

St Elmo es un clásico ochentero que me gustaría compartir con los amigos que me he topado al lado del camino y que pese a todo siempre siguen dando la marcha junto a mí.


"Cuando en el futuro haya que resumir la historia de los años 80 en varias películas, “StElmopunto de encuentro” será un documento a tener en cuenta, una película en la que se condensa la desesperanza y el desconcierto de la juventud de aquellos años, la generación que, en definitiva, gobierna el país, y por extensión el mundo, para bien y para mal" TCM. 


lunes, 27 de junio de 2011

Los amigos son como una taza de café



Hoy tuve la fortuna de recibir un regalo, una taza de café. Pero es que no era una taza común y corriente, era una taza llena de mucho simbolismo, una taza de café pensada para este blog,  una taza de café llena de sabor para darle dulzura a estas líneas, y en honor a esa taza de café es que se me ocurre pensar que los amigos son como una buena taza de café.

Una buena taza de café cae bien a cualquier hora del día, despierta los sentidos, da energías para continuar en las batallas laborales, quita el sueño y ayuda a soportar las noches de trabajo. Si estamos solos en un bar o un café nos hace compañía, si queremos leer un libro son los cómplices perfectos, si es un día soleado quita la sed, pero si hace frio nos calienta.

A veces el café cuando es amargo nos ayuda a ponernos serios y a la altura de las situaciones, pero hay ocasiones en que preferimos un café dulce que nos empalague las palabras.

La mayoría de mis buenos y malos momentos han sido al lado de una buena taza de café: cuando presento en mis juntas directivas, cuando expongo en la universidad, cuando tengo discusiones con la gente que quiero y hasta con la que no quiero, cuando simplemente tengo el pretexto de compartir algo bueno con alguien y hasta en las gradas del estadio mientras espero la salida de mi equipo campeón tengo un vasito de café.

No tiene un costo altísimo y sin embargo tiene un gran valor, no importa si viene en taza de barro, de plástico, de porcelana o de cristal lo que realmente importa es lo que tiene por dentro, y así son los amigos, siempre están a nuestro alrededor, en nuestros buenos y malos momentos, nos hablan cuando necesitamos alguna palabra, nos inspiran cuando necesitamos una musa o nos ofrecen su silencio cuando solo necesitamos compañía.

Los amigos al igual que el buen café tiene un valor altísimo y no importa cuál sea su presentación, lo que importa es lo que tiene por dentro.

“cuatro abrazos acompañan esta nota, cuatro abrazos que son la magia abrazistica”

martes, 14 de junio de 2011

LOS MATRIMONIOS DE MIS AMIGAS


Al igual que la vida va pasando por etapas según la edad en la que estamos atravesando, así también van cambiando las tarjetas de invitaciones que nos van llegando, a lo cual yo he venido pensando que las tarjetas de invitación son como un indicador.
Cuando estamos en la escuela nos invitaban a las primeras comuniones de las amiguitas, en la secundaria, lo más recurrente eran las invitaciones a las fiestas de los 15 de las amigas y hasta era una competencia ver cual fiesta era mejor si la de ellas a o la de una. Una vez estando en la Universidad empiezan a circular las tarjetas de invitación de graduación y la alegría por celebrar un triunfo académico. Pero ahora que estamos en etapa post académica, ¿habrá algo que genere más revoltura de sensaciones que las recurrentes tarjetas de invitación a las bodas de las amigas?
De entrada cabe decir que cuando una amiga nos cita para tomarnos un café o almorzar y en dicho encuentro tira su lanza y nos informa que se va a casar, es como para una quedarse en stand by, de esos momentos que una no sabe si pararse y aplaudir, abrazar de la emoción porque por fin dio el gran paso o si llorar porque ahora si perdió a su amiga, su caballito de batallas, su guerrera de noches de infortunio, su paño de lágrimas cada vez que algún infeliz intenta rompernos el corazón, la que nos acompaña a las compras, al médico, a la lectura de las cartas, a donde todo tipo de espiritista, la amiga en las buenas y en las malas.
En todo este recurrente cuadro, y es recurrente porque a todas nos llega el día en que tenemos que compartir la amiga no con un novio sino con un esposo, lo más aterrador, es cuando de tu grupo de amigas a ninguna le has conocido el novio y aun así te toca poner una cara de fresa cuando te dan la dizque emocionante noticia del casamiento.
Bueno, resulta que siempre me imagine que iba a tener una vida normal y por ende amigas normales, de esas que cuando conocen una persona y la hacen su novio, buscan el espacio más indicado para presentarlo ante la exigente sociedad de las amigas, así una lo va conociendo, queriendo y cuando llega el día del SÍ, pues una es la más emocionada, pues sabe las verdes y las maduras por las que paso esa relación y entonces así una se sentiría feliz de ese momento final, en que es el amor el que triunfa por encima de las adversidades.
Pero no, a mi me ha tocado una cosa de locos con mis amigas, una de ellas se caso y supe porque vi las fotos en el facebook, plop; Si plop, porque era un chico desconocido, de esos que se consiguen por internet, que se enamoran, vienen se casan con tus amigas y se las llevan a vivir lejos. Otra amiga se tomo la molestia de escribirnos un correo electrónico e informarnos que se casaba, plop. Sí, otro plop, porque es otro desconocido que engrosaba la lista de esposos de mis amigas, con decirles que me lo presentaron después de la ceremonia. Y ahora resulta que debo asistir al matrimonio de otra de mis dizque llamadas mejores amigas, la cual se va a casar con otro desconocido. Que vaina, es otro plop, porque tampoco conozco este novio.
No sé si es que se usa así y yo toda retrograda no lo he podido entender o es que definitivamente no tengo amigas de las normales. Lo que me parece maluco de todo esto, es que después una tiene que hacer una enorme inversión para acompañar a la amiga en el momento más importante de su vida y una llega como llena de nada. Es más y me atrevo a confesar que me siento asistiendo a la ceremonia como de una desconocida. No se conoce al novio, ni a los amigos del novio, por ende no hay integración en la fiesta. No se le pueden hacer bromas al novio como esas de “si no la cuidas te mato” porque no hay confianza con el chico y lo que es peor aún, no dan ganas de preguntarle a la amiga por su relación, pues nunca quisieron compartir momentos con los amigos, entonces opta una por el silencio y por la distancia.
A todas estas me pregunto yo, ¿cuál es la importancia de invitar a la gente a una boda, si poco o nada saben o les interesa esa relación, de la cual poco o nada quisieron compartir cuando fueron novios? Si, se me hace pertinente hacer esta pregunta, porque siento que más allá del regalo, no estoy haciendo ningún aporte en este tipo de eventos. De entrada y por línea directa uno pensaría que lo que importa es acompañar a la amiga y que eso es lo que vale, pues tanto vale que inconforme y todo ahí estaré, pero siento mi voz de protesta, y solo espero que a la vuelta de un par de años no se me ocurra a mí hacer este tipo de eventos solo pro cumplir con el protocolo, porque si lo que importa es la amistad, entonces también deberían hacerse esfuerzos por compartir esa relación con los amigos, al menos para que ellos también tengan un motivo para celebrar el día de la ceremonia.

miércoles, 23 de febrero de 2011

The Breakfast Club


“Querido señor Vernon,
Admitimos el hecho de tener que quedarnos castigados todo un sábado, por todo aquello que hicimos mal, pero pensamos que está usted loco al forzarnos a escribir un ensayo explicándole quiénes creemos ser, porque usted simplemente nos ve como quiere vernos. Nos cuelga una etiqueta y nos define como más le conviene. Pero hemos descubierto que todos tenemos dentro un intelectual, un atleta, una chalada, una princesa, y un criminal. ¿Contesta eso a su pregunta?

Atentamente le saluda,"

El club de los 5.

Y tú ¿qué personalidad tienes? ¿Intelectual, atleta, princesa, criminal o rara?

-Intelectual cuando me toca aunque haya quienes dicen que soy muy ñoña.
-De atletas casi todos los días cuando salgo tarde para la oficina o para cualquier reunión.
-Lo de princesa trato de ponerlo en práctica siempre, pero aun y así me está faltando un príncipe azul (que no se destiña en la primera lavada)
-De criminal soy cuando yo misma me encargo de asesinar mis sueños.
-Y pues rara... un tris bipolar, pero nada que no haya podido manejar hasta ahora con una flouxetina.

Viéndolo bien, ya sé porque me gusta tanto esta película.

jueves, 3 de febrero de 2011

Alas invisibles


Al artesano le gustaba el color, la alegría, la elegancia...
y definitivamente había encontrado la forma de hacer muchos seres bellos e incluso de manipular la luz para dotarlos de inteligencia desmedida, pero faltaba alguien que utilizara el brillo y lo volviera color. Así que antes de formar el barro y unirlo con la luz, decidió sentarse a contemplar una de sus creaciones, una que llamó mariposa y que antes fue oruga.

Aquel ser movía sus alas con distinción y hasta servía de prisma para descomponer los colores y exponerlos como el arco iris del cielo a manera de un óleo.

Como poseido por la creatividad que tantas veces le había robado su alma para moldear ideas, el artesano modeló una mujer pequeña como las mariposas, pero hermosa como el arco iris.

Sus alas son invisibles para mantenerla erguida y caminar con elegancia y retener la luz y color en todo su cuerpo para que no sean contempladas solo sus alas.

Una vez creada la dejó volar con sus prismas invisibles, pero prefirió mantenerse en la tierra para contagiar de bellaza y luminosidad a los seres que dejaron escapar la luz por sus vivaces y torpes ojos.

Gracias por sacrificar el placer y el privilegio de volar para permanecer en el suelo contagiándonos de amor por la belleza, de amor por nosotros mismos...

ManzAna.
El regalo más hermoso que he recibido