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miércoles, 6 de julio de 2011

St Elmo, punto de encuentro




Por estos día y muy motivada por aquello  que algunos llaman la crisis de los veintitantos, me  llene de motivos para pensar lo difícil que es llegar al mágico mundo de la Universidad, conocer los amigos, vivir las experiencias extremas de la vida: la música, el sexo, las drogas, el alcohol, que sé yo, estas o más, porque cada vez son más las cosas a las que se enfrentan los jóvenes y cada vez son más vulnerables a cada moda.

Pero más que aprender a vivir la universidad, me quede pensando en lo que de verdad me parece más difícil y es salir de ella. Si, salir de la Universidad y actuar como si ya fuéramos grandes, adquirir compromisos financieros como si ya fuéramos grandes, asumir las relaciones de pareja como si ya fuéramos grandes, cumplir estrictos horarios laborales y las estrictas reglas de las empresas como si ya fuéramos grandes…

Huy viéndolo bien, creo que el paso por la universidad es una transición tan importante pero tan subvalorada que cuando salimos al mundo de los adultos, no somos concientes de que el tiempo de la universidad era el indicado para aprender a vivir la vida real como la viven  nuestros papás.

Y es ahí, en las calles donde de verdad se ponen a flote nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestros retos, nuestras verdaderas competencias, nuestros verdaderos conocimientos.

Ahora es cuando estamos en el mundo real,  cuando nos empezamos a precipitar porque hay que hacer especialización, maestría y doctorado. Porque posiblemente algunas piensan en el matrimonio y en los hijos, porque hay que escalar alto en la compañía para la que se trabaja. Y cierra una los ojos y hace una mirada retrospectiva y se da cuenta que la vida es muy corta, que el tiempo va muy de prisa y que pese a tantas maneras de vivir cada vida profesional o laboralmente siempre quedan las cosas simples: los amigos del colegio, los parceros de la universidad y por encima de todo lo demás la familia, el mismo bar, y los buenos recuerdos.

Eso, fue lo que sentí viendo St Elmo punto de encuentro, que nunca somos lo suficientemente grandes, que nunca estamos del todo listos, que siempre queremos estar más arriba pero que siempre van a existir los miedos, pero que todo eso hace parte de la experiencia de la Vida.

St Elmo es un clásico ochentero que me gustaría compartir con los amigos que me he topado al lado del camino y que pese a todo siempre siguen dando la marcha junto a mí.


"Cuando en el futuro haya que resumir la historia de los años 80 en varias películas, “StElmopunto de encuentro” será un documento a tener en cuenta, una película en la que se condensa la desesperanza y el desconcierto de la juventud de aquellos años, la generación que, en definitiva, gobierna el país, y por extensión el mundo, para bien y para mal" TCM. 


miércoles, 23 de febrero de 2011

The Breakfast Club


“Querido señor Vernon,
Admitimos el hecho de tener que quedarnos castigados todo un sábado, por todo aquello que hicimos mal, pero pensamos que está usted loco al forzarnos a escribir un ensayo explicándole quiénes creemos ser, porque usted simplemente nos ve como quiere vernos. Nos cuelga una etiqueta y nos define como más le conviene. Pero hemos descubierto que todos tenemos dentro un intelectual, un atleta, una chalada, una princesa, y un criminal. ¿Contesta eso a su pregunta?

Atentamente le saluda,"

El club de los 5.

Y tú ¿qué personalidad tienes? ¿Intelectual, atleta, princesa, criminal o rara?

-Intelectual cuando me toca aunque haya quienes dicen que soy muy ñoña.
-De atletas casi todos los días cuando salgo tarde para la oficina o para cualquier reunión.
-Lo de princesa trato de ponerlo en práctica siempre, pero aun y así me está faltando un príncipe azul (que no se destiña en la primera lavada)
-De criminal soy cuando yo misma me encargo de asesinar mis sueños.
-Y pues rara... un tris bipolar, pero nada que no haya podido manejar hasta ahora con una flouxetina.

Viéndolo bien, ya sé porque me gusta tanto esta película.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Ya sé cuál es mi palabra: attraversiamo. Significa: “crucemos”



“Para hallar el equilibrio que buscas debes tener los pies tan firmemente plantados en la tierra que parezca que tienes cuatro piernas en lugar de dos. De este modo podrás estar en el mundo”

[…] Para hacer cultura hay que Alejarse de la cultura, estas palabras que siempre me hacen eco y que solía utilizarlas un viejo amigo, que quizás ya no es tan amigo, pero que ya eso no viene al caso, han sido las palabras que he utilizado, ya no para hacer alarde de él, sino para hacer mención de comer, rezar, amar.

Al ver la película (y leer el libro) sentí una conexión emocional grande con la protagonista, pues si bien la película no es la gran representación del séptimo arte, si es una de esas obras que logran ser grandes porque tocan las fibras de las personas (o las mías al menos) y no desde los idealismos de los "enlatados romanticones" a los que a veces somos expuestos, sino que esta vez, la película pone de manifiesto la gran necesidad del ser humano de trascender. Hablando un poco desde el existencialismo, es la necesidad de saber a ciencia cierta quiénes somos y cuál es la misión que debemos cumplir en esta vida.

Un poco referenciando la película, la protagonista de esta historia (interpretada por Julia Roboberts) es una mujer de unos treinta y tantos años, por cuya apariencia podría deducir una persona segura, estable con su trabajo (periodista, igual que yo), enamorada, pero que termina por hacer un alto en el camino, respirar profundo, revisar la lista de chequeo y salir corriendo de su mundo real en busca de su vida ideal.

No siempre hacer lo que debemos hacer, es hacer lo que queremos. Y sí, la sociedad en la que crecimos nos ha impuesto unos cánones de conducta y buen comportamiento en los que resulta demasiado irregular siquiera pensar en llevar la corriente, pero llevar la corriente no tiene que ser precisamente portarse mal, robar, matar, o convertirse en un asocial, portarse mal quizás puede ser portarse bien con una misma, que es lo que verdaderamente importa.

“Había participado activamente en la creación de esta vida ¿por qué no me veía a mi misma dentro de ella?”

Terminar una carrera, casarse, tener hijos… muchos de estos no son nuestros proyectos, son los proyectos impuestos por la cultura y la sociedad, por eso los productos de una vida prefabricada con estos simientes puede llegar a ser una vida ajena a nuestros propios gustos.  Como bien lo dicen en la película: "pensar que tener un bebe puede resultar tan apremiante como hacerse un tatuaje en la cara. Más vale pensarlo dos veces". 

Pensar en lo de verdad importa para cada uno de nosotras y tener la capacidad de volver sobre si puede ser un punto de giro para la vida misma, pero en este caso particular es cuando en la película comienza la aventura de viajar, quizás con la excusa de aprender otros idiomas o conocer otras personas; pero con esa idea esta mujer llega a Italia y comienza el verdadero desafío y la guerra entre no tener miedo y los carbohidratos.

Salir de las burbujas a las que nos vemos atadas ya más por costumbre que por convicción puede resultar algo emocionante, sobre todo por la enorme capacidad de receptividad que podemos llegar a alcanzar cuando nos topamos de cara al mundo y al que nos limitamos cuando nos llenamos de apegos o por el simple placer que genera el dolor.

… a lo mejor mi vida no es tan caótica y es el mundo el que lo es y el único engaño es intentar aferrarse a ella a toda acosta

Mi amigo también solía decir: “lo único que siempre permanece es el cambio” y en eso tiene mucha razón, todo cambia incluso uno mismo cambia, entonces es necesario una actitud de apertura que nos permita correr riesgos enamorarnos para luego llorar por desamor, bailar hasta que nos duelan los pies, apostar hasta llegar a perderlo todo, pues al final la ruina no es tan mala, es el camino a la transformación y sufrir por algo es ratificar la idea de que se ha luchado.

Sin caer en una monótona formula de autoayuda, la película refuerza la ida de que la capacidad de transformar el mundo está en el interior de cada uno de nosotros y hace una referencia especial al budismo y muchas de sus manifestaciones, muy de moda por estos días, pero que si bien está de moda es por esa búsqueda insaciable a la que estamos sometidos los seres humanos por hallar el equilibrio entre lo espiritual y lo material.

Sobresale de manera especial un mensaje enmarcado en el amor, pero no el amor de las parejas, ni el amor de un hombre, pues cabe resaltar que Liz (Julia Roberts) ya no está buscando un hombre, sino un capeón, que creo yo es la gran recompensa de la búsqueda personal, pero que en últimas no lo va a encontrar afuera si primero no dirige su mirada hacia adentro.

No es necesario llenarse la boca de padre nuestros, es más bien la posición autocritica de la reflexión y la meditación con el fin de aquietar los pensamientos y encontrar las respuestas de todas nuestras incertidumbres, miedos, afanes.

Ver la película me hizo reflexionar sobre las cosas que quiero y que quizás no están lejos de mí, es solo cuestión de valorar lo que tengo cerca, lo que soy capaz de dar, de buscar un balance entre lo emocional, lo espiritual y lo material, pero sobre todo es un llamado a vivir la vida sin restricciones ni señalamientos morales, ni éticos, sin complejos, pero sobretodo es un llamado a ser feliz y a hacer felices a quienes me rodean.

“muchas veces perder el equilibrio por amor es parte de vivir una vida con equilibrio”.