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martes, 3 de enero de 2012

A la respuesta le cambió la pregunta


Si, la vida no es ni blanca ni es negra, es una concertación de matices que conllevan a ver el mundo en diferentes tonalidades, pero, ¿cuál es el punto intermedio entre la razón y la emoción que hacen que uno vea esas escalas de grises y no sólo los colores parcializados?

Creo que hoy me estoy debatiendo entre ese limbo que me impide ver el mundo en tonalidades y me estoy parando en posiciones radicales que en lugar de despejar mi mente la tienen nublada y llena de dudas y hasta de miedos. 

Cómo sabe uno cuando es el momento indicado para decir algo sin que sea prematuro o cuando se deben dar alas a las palabras si lo que una tiene en mente es abortar una posibilidad,  o peor aun cuando es necesario callar y dejar que el tiempo y el silencio sean un aliado. 

Definitivamente no logro ver los matices, sólo veo las posibilidades positivas y las negativas pero no veo los puntos intermedios. 

Ahora bien, empiezo a interpretar silencios, pero sé que no es un asunto de intuición sino de paranoia. Hay un alto nivel de infoxicación en cada cosa que pasa por mi mente, creo que suele suceder en personas con personalidades tan cartesianas como la que tengo yo. 

Quisiera más que nada en el mundo disfrutar de la duda y la ansiedad de esperar una respuesta a favor, pero por lo pronto veo que estoy estresada y me angustia la simple idea de imaginar que la historia que me estoy creando no es más que una novela de ficción. 

Ahora cuando soy yo la que tiene la respuesta ha cambiado la pregunta o peor aun ya no hay pregunta; entonces cuáles debieron ser esos tiempos de hablar, de callar o de escuchar...

Conclusión de esta marejada de sensaciones: que por estos días mi maquinita de la intuición se encuentra averiada




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